Terapia Sonora.
Los Cuencos Tibetanos y los Cuencos de Cuarzo.
Los cuencos tibetanos limpian nuestras células y armonizan nuestro cuerpo. Están hechos de siete metales y estos a su vez tienen relación con los siete planetas visibles: Sol-oro, Luna-plata, Venus-cobre, Marte-hierro, Júpiter-estaño, Saturno-plomo, Mercurio –mercurio.
También se les relaciona con las siete notas musicales (do, re, mi, fa, sol, la, si). Cada cuenco corresponde a una nota musical, pero proyecta además cinco sonidos básicos y una serie de armonías a veces imperceptibles que actúan poderosamente limpiando, activando y armonizando nuestros sistemas internos.
Además relacionados con los siete Chakras: 1º a nivel de la base de la columna, 2º en el hueso sacro, 3º entre el ombligo y plexo solar, 4º en el centro del tórax, 5º en la garganta, 6º entre las cejas o el tercer ojo, 7º en la cúspide del cráneo.
En los Monasterios del Tíbet, el uso del cuenco es una práctica habitual para obtener el estado meditativo, equilibrio de los hemisferios cerebrales y de la polaridad. Los monjes tibetanos conservaban de esta manera un equilibrio total entre el cuerpo físico y los cuerpos sutiles.
El sonido de los cuencos ayuda a mantener la salud a nivel físico. Para esto practican el sonido profundo que llega hasta el nivel celular, haciendo que todas las células reciban el sonido único y personal realizado con el instrumento interno que son las cuerdas vocales y que cada célula reconoce como vibración de bienestar, llevándolas a sentirse en su día a día en perfecto equilibrio y armonía.
Los cuencos tibetanos han sido creados con conciencia e intención de ser utilizados como guías en ritos ceremoniales, viajes astrales, el despertar de la Conciencia y en la curación de enfermedades tanto a nivel físico, psíquico, mental, emocional y espiritualmente.
Producen un masaje sonoro que equilibra la energía de quién se expone a la vibración que emiten.
La imagen de un ambiente en el cual se escucha el singular sonido de los cuencos tibetanos es de calma y paz.; la tradición ancestral del oriente entrega al sonido de estos especiales aparatos un poder curativo que occidente está descubriendo de a poco.
Su especial sonido armoniza y equilibra el sistema nervioso, logrando disminuir y aliviar niveles de estrés alto e hipertensión.
También apoyan a sanar procesos de angustia, depresión, miedo, problemas de insomnio, concentración y en especial, se recomienda a personas muy mentales para conectarse con sus sentimientos y a quienes son hipersensibles, para comprender sus procesos personales y anímicos. Mejora y alivia trastornos a nivel de articulaciones y huesos.
Una profunda leyenda:
Su origen es incierto. Según cuentan la historia, fueron los monjes tibetanos que, tras caer un meteorito, hicieron los primeros cuencos con esa aleación “planetaria”. Primero los usaron como recipientes para sus comidas, pero luego descubrieron sus poderosos sonidos y los incluyeron en sus ceremonias.
Se dice también que son más antiguos que el budismo y que habrían llegado por la ruta de la seda desde la China al Tíbet, donde se habrían construidos cuencos gigantes, hace ya más de 3500 años atrás. Aunque también está la teoría que una tribu de Mongolia llevaron los cuencos al Tíbet.
El poder de sus sonidos es descrito como sanadores por la conciencia e intención con que son elaborados. La leyenda, en ese aspecto, dice también que eran forjados en profundos estados meditativos.
De ahí nacería su uso en ritos ceremoniales, despertar de la conciencia y posteriormente, en la curación de desequilibrios a nivel físico, mental, emocional y espiritual.
Los cuencos son frotados, percutidos con las manos o tocados con una baqueta de madera sola o cubierta con un pedazo de cuero, tela o lana. Las notas que generan son armónicas, sutiles y de naturaleza sanadora, pero no todas son percibidas por el oído humano. Se ha descubierto que equilibran los hemisferios cerebrales, la mente y las emociones, generando estados alfas de concentración relajada y gran receptividad.
Los efectos descritos se lograrían por la vibración que emiten, la que actuaría por resonancia en el cuerpo de una persona o ambiente. Es decir, el sonido de los cuencos se dice que tiene la vibración más alta y que cualquier persona, animal o ambiente expuesto a ese sonido, por resonancia, termina después de un rato, vibrando en el nivel más alto que puede alcanzar y sintonizándose con las energías del cosmos.
El sonido es una herramienta poderosa que nos conecta con el sonido del universo y con nuestro propio sonido, que nos permite encontrar nuestro espacio de silencio interno, paz, serenidad y alegría.
Cuencos de cuarzo
La potencia de los cuencos de cuarzo radica en el hecho que existiría una significativa presencia de este elemento en las células del cuerpo.
Es por eso que las vibraciones de estos resuenan profundamente en nuestro interior y se produce una sintonía entre, las vibraciones del cuenco de cuarzo y el cuarzo que está presente en nuestro cuerpo físico, permitiendo así armonizar, equilibrar.
El cuarzo es un mineral que posee una gran capacidad de “transmitir, procesar y amplificar”. Esta propiedad determinaría que los cuencos de cuarzo fueran poderosos instrumentos de sanación, que al igual que los cuencos tibetanos, son efectos son potenciados mediante las intenciones de amor y sanación de quien lo utilice.
De la misma manera que los tibetanos, al aumentar la velocidad de rotación de los átomos en el cuerpo físico, todo nuestro cuerpo comienza a elevar su vibración y así, se inicia un proceso de liberación, de desbloqueo en el plano físico.
Por lo tanto, el uso de los cuencos tibetanos y de cuarzo servirá para complementar otras terapias y para potenciar cualquier técnica de meditación.
Terapia Sonora.
Los Cuencos Tibetanos y los Cuencos de Cuarzo.
Los cuencos tibetanos limpian nuestras células y armonizan nuestro cuerpo. Están hechos de siete metales y estos a su vez tienen relación con los siete planetas visibles: Sol-oro, Luna-plata, Venus-cobre, Marte-hierro, Júpiter-estaño, Saturno-plomo, Mercurio –mercurio.
También se les relaciona con las siete notas musicales (do, re, mi, fa, sol, la, si). Cada cuenco corresponde a una nota musical, pero proyecta además cinco sonidos básicos y una serie de armonías a veces imperceptibles que actúan poderosamente limpiando, activando y armonizando nuestros sistemas internos.
Además relacionados con los siete Chakras: 1º a nivel de la base de la columna, 2º en el hueso sacro, 3º entre el ombligo y plexo solar, 4º en el centro del tórax, 5º en la garganta, 6º entre las cejas o el tercer ojo, 7º en la cúspide del cráneo.
En los Monasterios del Tíbet, el uso del cuenco es una práctica habitual para obtener el estado meditativo, equilibrio de los hemisferios cerebrales y de la polaridad. Los monjes tibetanos conservaban de esta manera un equilibrio total entre el cuerpo físico y los cuerpos sutiles.
El sonido de los cuencos ayuda a mantener la salud a nivel físico. Para esto practican el sonido profundo que llega hasta el nivel celular, haciendo que todas las células reciban el sonido único y personal realizado con el instrumento interno que son las cuerdas vocales y que cada célula reconoce como vibración de bienestar, llevándolas a sentirse en su día a día en perfecto equilibrio y armonía.
Los cuencos tibetanos han sido creados con conciencia e intención de ser utilizados como guías en ritos ceremoniales, viajes astrales, el despertar de la Conciencia y en la curación de enfermedades tanto a nivel físico, psíquico, mental, emocional y espiritualmente.
Producen un masaje sonoro que equilibra la energía de quién se expone a la vibración que emiten.
La imagen de un ambiente en el cual se escucha el singular sonido de los cuencos tibetanos es de calma y paz.; la tradición ancestral del oriente entrega al sonido de estos especiales aparatos un poder curativo que occidente está descubriendo de a poco.
Su especial sonido armoniza y equilibra el sistema nervioso, logrando disminuir y aliviar niveles de estrés alto e hipertensión.
También apoyan a sanar procesos de angustia, depresión, miedo, problemas de insomnio, concentración y en especial, se recomienda a personas muy mentales para conectarse con sus sentimientos y a quienes son hipersensibles, para comprender sus procesos personales y anímicos. Mejora y alivia trastornos a nivel de articulaciones y huesos.
Una profunda leyenda:
Su origen es incierto. Según cuentan la historia, fueron los monjes tibetanos que, tras caer un meteorito, hicieron los primeros cuencos con esa aleación “planetaria”. Primero los usaron como recipientes para sus comidas, pero luego descubrieron sus poderosos sonidos y los incluyeron en sus ceremonias.
Se dice también que son más antiguos que el budismo y que habrían llegado por la ruta de la seda desde la China al Tíbet, donde se habrían construidos cuencos gigantes, hace ya más de 3500 años atrás. Aunque también está la teoría que una tribu de Mongolia llevaron los cuencos al Tíbet.
El poder de sus sonidos es descrito como sanadores por la conciencia e intención con que son elaborados. La leyenda, en ese aspecto, dice también que eran forjados en profundos estados meditativos.
De ahí nacería su uso en ritos ceremoniales, despertar de la conciencia y posteriormente, en la curación de desequilibrios a nivel físico, mental, emocional y espiritual.
Los cuencos son frotados, percutidos con las manos o tocados con una baqueta de madera sola o cubierta con un pedazo de cuero, tela o lana. Las notas que generan son armónicas, sutiles y de naturaleza sanadora, pero no todas son percibidas por el oído humano. Se ha descubierto que equilibran los hemisferios cerebrales, la mente y las emociones, generando estados alfas de concentración relajada y gran receptividad.
Los efectos descritos se lograrían por la vibración que emiten, la que actuaría por resonancia en el cuerpo de una persona o ambiente. Es decir, el sonido de los cuencos se dice que tiene la vibración más alta y que cualquier persona, animal o ambiente expuesto a ese sonido, por resonancia, termina después de un rato, vibrando en el nivel más alto que puede alcanzar y sintonizándose con las energías del cosmos.
El sonido es una herramienta poderosa que nos conecta con el sonido del universo y con nuestro propio sonido, que nos permite encontrar nuestro espacio de silencio interno, paz, serenidad y alegría.
Cuencos de cuarzo
La potencia de los cuencos de cuarzo radica en el hecho que existiría una significativa presencia de este elemento en las células del cuerpo.
Es por eso que las vibraciones de estos resuenan profundamente en nuestro interior y se produce una sintonía entre, las vibraciones del cuenco de cuarzo y el cuarzo que está presente en nuestro cuerpo físico, permitiendo así armonizar, equilibrar.
El cuarzo es un mineral que posee una gran capacidad de “transmitir, procesar y amplificar”. Esta propiedad determinaría que los cuencos de cuarzo fueran poderosos instrumentos de sanación, que al igual que los cuencos tibetanos, son efectos son potenciados mediante las intenciones de amor y sanación de quien lo utilice.
De la misma manera que los tibetanos, al aumentar la velocidad de rotación de los átomos en el cuerpo físico, todo nuestro cuerpo comienza a elevar su vibración y así, se inicia un proceso de liberación, de desbloqueo en el plano físico.
Por lo tanto, el uso de los cuencos tibetanos y de cuarzo servirá para complementar otras terapias y para potenciar cualquier técnica de meditación.